Pato, teta, Manina

20141205_113926-1Ni mamá ni papá. La primera palabra que pronunció Inés fue pato. Y sigue siendo una de sus favoritas: llama así a palomas, gorriones y demás fauna alada de la calle, a todos los seres animados de los libros y, por suerte, también a los patos del parque. Pensándolo un poco, patos y peces cuentan con gran presencia en la literatura infantil, al menos en la que se dirige a los pequeños futuros lectores. Estrellas y caballitos de mar, tiburones y submarinos nos acompañan cada día a la hora del baño, junto a un pato de goma y un pequeño delfín. La fauna marina también figura entre mis primeros recuerdos, y eso que tardé catorce años en ver el mar, pero las películas y la imaginación logran el milagro de construir memorias de hechos que ni siquiera han sucedido.

Entre patos reales y falsos, alguno vamos acertando. Bien se dice que incluso un reloj parado da bien la hora dos veces al día. Lo realmente maravilloso es cómo el lenguaje, la capacidad de poner nombre a las cosas, cambia para siempre la relación con el mundo y con los demás. El pequeño ser por el que hasta hoy decidíamos todo es ya capaz de expresar sus necesidades más básicas: agua, teta, caca. Reparo en que ahora siempre espero a que sea ella la que diga la palabra mágica para ofrecerle el pecho, con tono de apremio o reproche en medio de la noche, o tras dos eternas horas en la guardería.

El primer nombre propio en salir de la boca de Inés fue Marina, muy apropiado en nuestro mundo de patos, peces y demás fauna acuática. ‘Manina’ es nuestra vecina del tercero, sólo unas semanas mayor. A través de ella aprecio de verdad cómo crece mi chiquilla, cuya evolución no puedo ver al tenerla tan cerca. Lo maravilloso es que, creciendo igual, lo hacen de modo diferente: Inés habla, Marina corre. El otro día coincidimos las cuatro enfrente de casa; Marina andaba delante de nosotras con paso firme y de vez en cuando giraba la cabeza riendo para comprobar que estábamos ahí. Inés reía también y gritaba su nombre mientras la seguíamos con el carrito. Cada una a su modo, las dos disfrutaban intensamente su nuevo paso hacia la independencia.

 

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