Huellas

¿Qué ocurriría si un día desapareciera tu casa, las huellas que constatan que existes, que eres real? Me lo he preguntado mil veces al ver la desesperación de los supervivientes a las catástrofes. La idea me asalta al regresar, casi año y medio después, al lugar en el que he trabajado durante una década. Tan propio y tan ajeno que me siento a la vez como si no me hubiese ido y como si nunca hubiese estado.

Por el camino, el escaparate de una tienda lanza un reflejo de mi cuerpo. Casi el mismo que todos los días transitaba por esa acera, a esa hora más o menos. Dentro de ese envoltorio me he sentido feliz y triste, sola a ratos, frágil siempre. Hoy pienso en una tortuga que olvidó ponerse el caparazón y siento la urgente necesidad de correr a buscarlo. Cambio de idea al recordar que ya hemos estado otras veces en la casilla de salida.

Repaso los lugares en los que viví en mi no tan corta existencia. De casi ninguno conservo grandes recuerdos, al menos no esos que desatan añoranzas, alegrías o penas retrospectivas. Sólo una vez sentí algo así, al dejar el piso donde pas20150103_203216é mis primeros siete años. Un día regresé por razones que no recuerdo y subí hasta el ático, el lugar donde entonces se ubicaban los trasteros. Olí a humedad, madera vieja y hollín, y entendí de repente lo que significa crecer.

Desde entonces he aterrizado en otros destinos; ni muchos ni pocos, no sabría decir. De algunos guardo memoria vaga, de otros ni siquiera eso. Insignificante será mi memoria, cuando ni siquiera yo la conservo. De nuevo el engaño vital, creer que todo es demasiado trascendente. Un día este cuerpo dejará de reflejarse en esa luna poco antes de las cinco, habré llegado final del camino, y nada pasará.

¿Sentiré algo el día en que deje este lugar, el palomar donde Inés dio sus primeros pasos? No sé qué pensar. Dudo del poder emotivo de los lugares, no así del de las personas; la urgencia imperiosa y voraz por abrazar a alguien, apretarlo, casi hacerle daño. Siento algo así al reencontrarme con ella el primer día de trabajo, una pasión que ya conocía, pero en otra modalidad. Esta vez para siempre.

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