Arrugas

Nunca había pensado mucho en esto, pero últimamente le doy muchas vueltas a envejecer y morir, algo en lo que estamos todos inmersos, incluida mi tierna Inés y los millones de niños que nacieron, o van a nacer, después de ella. Sé que es normal al superar cierta edad, en la que los dos extremos de la vida ya no son hitos casi irreales que siempre alcanzan otros. Ocurre también cuando las arrugas de la cara constatan que no es en vano el paso del tiempo, todo eso que un día aconteció, y, sobre todo, lo que no llegó a ser. El número de teléfono que tuve ante mis ojos y no marqué, el despacho al que no entré, la puerta que no abrí, ese café que tanto me apeteció y no llegamos a tomar.

Lo explica muy bien ‘Arrugas’, esa estupenda película de animación que tanto dice con tan poco. El final de la vida, cuando ya queda casi nada, y a la vez tantas cosas por las que pelear. Lo único que nos pertenece, en realidad, es el tiempo que quisiéramos detener y vuela inclemente trazando surcos en nuestra cara. Se puede alisar torpemente la superficie, pero nunca frenar su paso. Con un poco de suerte un día seremos un montón de ilusiones en un envoltorio arrugado, como el papel de regalo que tiramos a la basura sin pensar.

película arrugas

Algo parecido sucede con el alma, llena de arrugas invisibles pero indelebles. Aquí el culpable no es el tiempo, sino las personas que más amamos, los que dicen querernos y un día dejan de hacerlo, o les pueden otros afectos, otros instintos, quién sabe qué. Luego resulta imposible enmendar el error, alisar un alma arrugada, y mientras en vano lo intento me arrepiento de todo el daño que hice a los que más me importan.

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2 pensamientos en “Arrugas

  1. Ya sabes que no soy un tipo que desborde energía vital pero sí soy de la opinión de que no hay que darle demasiada importancia a envejecer. Para empezar, ¡estás vivo! Hay gente a la que le pesa cumplir años. A mi me jodería más no cumplir ninguno más, porque eso significaría que estoy muerto. También le doy vueltas a las cosas que no podré hacer si llego a viejo. Otro error. Todos tenemos nuestras limitaciones a todas las edades: si pesas más o menos, si eres más o menos alto, si estás más o menos sano o tienes alguna enfermedad crónica… Me conoces. Sufrimos el SIP (Síndrome de la Insatisfacción Permanente) pero me he hecho el firme propósito de seguir haciendo cosas hasta el final; de que la edad avanzada no acabe con mis ganas de leer, escuchar buena música, escribir, hacer deporte al nivel que sea…No sé. Que el transcurrir de la vida no me impida vivir.

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    • De acuerdo contigo en que seguir acumulando arrugas es, casi siempre, la mejor de las alternativas posibles. Más que en el miedo a envejecer, quería incidir en las huellas del tiempo y de la vida en nuestra cara, y sobre todo en el alma. En por qué a veces herimos sin querer, y por qué siempre damos más fuerte a los que más queremos. La impotencia de sentir que lo hecho hecho está y es imposible borrarlo por más que lo intentes. Me reconozco en eso del SIP, aunque creo que con la edad estoy aprendiendo a torearlo, y me encanta lo de ‘que el transcurrir de la vida no me impida vivir’. Creo que muchos deberíamos darle unas cuantas vueltas a ese pensamiento. Mil gracias por asomarte por aquí.

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