Temores

Pasar las mañanas (y alguna tarde) en compañía de niños, toboganes y columpios figuraba entre las cosas menos apetecibles de la maternidad. Francamente, siempre imaginé el parque como una especie de sucursal del infierno. También diré que me consta no ser la única que sintió escalofríos cuando una conocida con hijos adolescentes le dijo con un punto de venganza: ‘Anda, que no te queda parque a ti…’

Así que en ello estamos. Tras alguna vacilación, se ha convertido casi en una extensión de nuestra casa, sólo que aquí el suelo está lleno de agujeros misteriosos por los que aparecen y se esconden todo tipo de seres. Capítulo aparte es la convivencia con otros pequeños y sus adultos acompañantes, el primer escenario en el que medimos fuerzas, debilidades y miedos. Eso que llamamos socialización y no es otra cosa que hallar un espacio en el que sentirnos cómodos y nos quieran, el principal objetivo de la vida, para gran parte de los humanos al menos.

Como socializar no figura entre mis fortalezas, intento que Inés vuele libre y no se lastre con mis miedos. La lista es mayor de lo que pensaba: a no caerse del columpio sumo la preocupación por no acapararlo demasiado tiempo, por no romper juguetes ajenos, por no molestar a los demás. Y por primera vez, siento temor a que mi hija no encuentre amigos con los que jugar. Intento que no se note demasiado y permanezco a distancia prudencial mientras ella actúa, algo retraída al principio, más segura después.

Verla abrirse al mundo reaviva imágenes de mi infancia que ni siquiera recordaba. Momentos alegres, pero también de inseguridad y angustia; el temor a no merecer los afectos, la sensación de valer menos que los demás. Me pregunto si Inés lo habrá heredado, junto a la propensión a los resfriados y las canas precoces. La veo cruzar por el agujero de un seto y reír a carcajadas con otra niña, un sonido que ahuyenta fantasmas y disipa malos recuerdos. El parque no es tan terrible, después de todo.parque

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2 pensamientos en “Temores

  1. Hay veces que los niños son un auténtico revulsivo para nuestros midos y temores. A mi me han enseñado fortaleza, he superado complejos y verguenzas, timidez, inseguridades. Los niños nos convierten en personas diferentes y no sólo por el hecho de haber sido madres. Nos transforman a todos los niveles. Te lo dice una con tres y con todos los complejos y miedos del mundo. Una que ahora no se asusta de nada y que me echo ese mundo por montera. Un beso y adelante!

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  2. Me gusta mucho eso que dices. Realmente los niños son un revulsivo, pero no esperaba que también a este nivel, hasta el punto de reencontrarte con tu infancia y enfrentarte a historias que creías olvidadas y realmente estaban ahí. No sé si seré capaz de ponerme el mundo por montera (tampoco tendré la suerte de contar con tres pequeños ‘revulsivos’, jeje), pero de momento creo que me voy relajando un poco. Te agradezco mucho que hayas leído y comentado. Un beso grande.

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