Cumbres

Recuerdo la final del Mundial que ganó España por un motivo bastante menos histórico. Dos niños dormían en la casa, ajenos a la euforia general que se desató al terminar el partido. Entre tanto jolgorio la madre era la única contrariada porque temía que el escándalo despertara a sus pequeños. La reacción me pareció entonces ilógica, como si te enfadas porque el rugir de un terremoto te estropea la siesta. Hoy la entiendo un poco más; yo también actúo a veces como si mi hija fuese el centro del Universo.

Algo que me sigue maravillando de la maternidad es cómo engrandece las pequeñas cosas y llena los días de momentos especiales. Cada avance es un paso hacia la independencia, ese hito que los padres desean y temen a partes iguales. Como los alpinistas al llegar a la cima, con la celebración de la hazaña llega un nuevo objetivo, siempre más alto y un poco más difícil. Hoy por hoy, nuestros ‘ochomiles’ son los juegos del parque: primero el balancín en forma de flor, después el caballito con muelles, luego las escaleras del barco pirata.

El último logro, también el más emocionante, ha sido la escalera de cuerdas del tobogán. Tras varios intentos y algo de ‘trampa’, Inés logró llegar arriba y deslizarse por primera vez. Ya en el suelo, empezó a reír y saltar como si hubiera coronado el Everest; seguramente el primero en tocar esa cumbre no fue más feliz.

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Subir por la ‘escalera de ranas’ es ahora el próximo reto de una carrera que no ha hecho más que empezar. Como buenos principiantes, la emprendemos llenos de ingenuidad y buenos propósitos. Acompañar sin interferir, fomentar la superación sin presiones, valorar los éxitos y aprender de los fracasos. Entender que no se trata de hacerlo mejor o peor que nadie, sino de hacerlo mejor que ayer. Me gustaría que Inés conservara la tenacidad que ayudó a sus piernas todavía cortas a subir al tobogán, pero también que en la lucha por la superación sea ella misma su única adversaria.

No sé si estaré a la altura como acompañante en este aprendizaje vital, si la ayudaré a ser mejor y más feliz o la contaminaré con frustraciones y miedos. Sobre todo si tendré presente que mi hija es, nada más y nada menos, un individuo más en este mundo, aunque para mí sea el centro del Universo.

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4 pensamientos en “Cumbres

  1. Qué lindo post… es admirable la fuerza, empeño y la alegría que le ponen los más pequeñitos a cada dificultad o reto que encuentran para poder superarlos. Somos nosotros los adultos, quienes muchas veces en el afán de cuidarlos les ponemos límites y les trasmitimos nuestros temores… qué difícil es darles el espacio para seguir descubriendo el mundo sin que se lastimen o sufran, pero tenemos que buscar la forma de hacerlo, es parte de ser padres.
    Un abrazo, Karina.

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    • Tienes razón, Karina. Es algo que me preocupa mucho y personalmente me resulta muy difícil. A mí me educaron con el temor constante a caerme y hacerme daño y aunque intento no transmitirlo sale sin poderlo evitar. Ver ese empeño ante los retos del que hablas me está enseñando mucho a ser más valiente. Un abrazo fuerte y mil gracias por tu comentario.

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