La Ira

De las emociones negativas con las que me toca lidiar, creo que la ira es la que más me avergüenza. Hablo de ese arrebato violento que nace en algún lugar allá adentro y sube ardiente y destructor como lava volcánica. Digo que me avergüenza porque es el único sentimiento que me ha hecho desear, de modo fugaz pero intenso, hacer o decir cosas que racionalmente aborrezco. Con los años creo haber aprendido a controlarlo en parte; no siempre, supongo. Personas que fueron muy importantes han quedado en el camino. La perspectiva del tiempo revela que la afrenta no fue tan grande. Perder un amigo duele casi siempre más que el conflicto que lo provoca; es una de las pocas cosas que he aprendido en lo que llevo de vida.la ira

Desde que mi lista de papeles se amplió al de madre he descubierto la ira en su versión más refinada: la que puede provocar alguien pequeño y presuntamente angelical al que amas sin límites. Los desencadenantes no parecen tan graves vistos en frío: tirar la comida al suelo, resistirse a que la vistan, insistir en ir en brazos ignorando el dolor de riñones del porteador. Quizá estas acciones remueven viejas heridas, o anticipan guerras futuras que los agoreros anticipan casi con placer: ‘Esto no es nada, verás dentro de unos años…’.

Para mi sorpresa, los gestos de enfado parecen divertir a la pequeña Inés, quizá porque le han revelado una versión más animada de su madre, tranquila y calmada casi siempre. La rabia va creciendo con su risa, hasta convertirse en impotencia y desesperación. Llegados a este punto veo por un momento la escena desde fuera y descubro a la niña de dos años que fui peleando con otra cría de su edad.

Saber que muchos gestionamos como podemos la furia supone un cierto consuelo. Camino del parque, escucho los gritos de un padre fuera de sí y aun sabiendo que no actúa bien no puedo evitar compadecerle. La ira sabe a vergüenza y a frustración y la acompaña siempre otra emoción no menos amarga: el arrepentimiento.

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4 pensamientos en “La Ira

  1. Miro hacia atrás y observo que las batallas más duras que he dado en el manejo de mis emociones han sido provocadas por esos momentos difíciles con mi pequeño hijo… y lo peor, muchas veces las he perdido. Lo bueno de esos momentos para los padres y su impotencia, es que terminamos aprendiendo, lo singular, es que nuestros hijos también y nos ponen pruebas más difíciles cada vez, sin siquiera darse cuenta.

    Me encanta tu forma de escribir, ya te sigo por facebook a ver si ya no se me pasan tus publicaciones. Te invito a pasar por mi blog, te he dejado un premio en el penúltimo post que espero te agrade. Un abrazo!!

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    • Estoy de acuerdo al cien por cien. Aunque en mi caso el recorrido es todavía corto, son los momentos de ira, de emociones desbordadas, los que me generan mayor inquietud. También he inaugurado la lista de fracasos, situaciones en las que sé que he resuelto mal, sin paciencia o se ha apoderado de mí una parte de mi propia educación que no quiero para mi hija. Como tú, lo veo como un camino duro pero enriquecedor en el que todos terminaremos aprendiendo y, ojalá, siendo mejores personas. ¡Coincido también en que los pequeños se las apañan como nadie en saber ponernos a prueba!
      Muchas gracias por tu amable comentario. Este es un espacio pequeñito y saber que a alguien puede gustarle me llena de alegría. Conozco tu blog y me gusta mucho. Voy a darme una vuelta ahora mismo, me pica la curiosidad, jeje. Gracias de nuevo y un beso grande.

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  2. Me siento identificada con tu post. En ocasiones yo también he de luchar con la ira, que siempre va acompañada de sus amigas: la impotencia y la verguenza. Su colega el arrepentimiento jamás falta para el fin de fiesta. De cada situación se aprende y a cada paso se va mejorando. Aunque siempre hay un día en que de improviso ira vuelve a visitarte otra vez.

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  3. Que el sentimiento sea compartido supone cierto alivio… aunque cada cual sufre lo suyo. Tienes razón: de cada situación se aprende, aunque siempre se presentan nuevas ‘pruebas’, cada vez más difíciles. Ánimo con ellas y ya nos iremos contando… Un abrazo fuerte.

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