Hermanos

La certeza de que algo no va a suceder genera a veces cierta tranquilidad. Se acabó el perder horas de sueño o robar tiempo a otras cuestiones deshojando la margarita de posibilidades negadas de partida. Pero la mente tiene su parte libre e irracional y a veces le gusta jugar a los imposibles, o maquina por su cuenta lo que hubiera sucedido si un día hubiésemos dado un paso más, o dos de menos, quién sabe.

Por varias razones, una de nuestras certezas es que Inés no tendrá hermanos, algo que, dicho así, suena casi a castigo, a privación de uno de los mejores regalos de la vida. Y más cuando lo has vivido en carne propia, cuando ves que las mamás de los amiguitos de Inés esperan el segundo o te asaltan a traición los carteles con fotos de familias que anuncian viviendas, coches o vacaciones a paraísos artificiales. Papá, mamá, el niño y la niña son más o menos rubios, pero siempre sonríen desde un mundo ideal ante el que otras alternativas parecen copias imperfectas.

La certeza de que algo no va a suceder da alas a la imaginación y envalentona al deseo. En mi retrato ideal no aparece un hermano, sino dos, en una casa llena de movimiento, risas y lloros, alegría y caos. La ambición no tiene límites y siempre pide más, no se da por satisfecha aunque el primer logro pareciera un día un hito suficiente y casi inalcanzable.

hermanos

Como tantas situaciones de la vida, espero que ser hijo único no sea bueno ni malo en sí mismo. Muchos que lo son admiten que echaron de menos al hermano ausente, alguien con quien compartir el amor y las expectativas de los padres; otros dicen no haber añorado nunca lo que nunca tuvieron. Los hay, como yo, que sienten en su hermano, en su hermana, una parte de sí mismos, pero también los que en una familia numerosa se sintieron solos, los que encontraron en un amigo a ese hermano que la vida les negó, o al que estando les abandonó. Algunos hermanos lo son hasta la muerte, otros se separaron y agotaron sus días sin hablar, y es que la familia ideal sólo existe en las promociones de Eurodisney, pero ni nosotros somos modelos ni la vida se parece a un parque temático.

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6 pensamientos en “Hermanos

  1. Muy bien escrito, me ha gustado mucho. No creo que ser hijo único sea bueno o malo en sí mismo como tú dices. Es algo que es así y no hay que plantarse, porque si no podríamos no parar. ¿Y si en vez de una hermana hubiera tenido un hermano? ¿Habría sido mejor o peor? ¿Y si hubiéramos sido tres? ¿Cómo será tener un gemelo? En fin, sería diferente, simplemente. Por otro lado, por supuesto que soñar es libre, y uno puede soñar despierto lo que quiera, todos lo hacemos con cosas que probablemente siempre seguirán siendo sueños (aunque nunca se sabe) 😉
    Feliz semana!

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    • ..jajaja!!! Tienes toda la razón: la lista de incógnitas es interminable… y apasionante. Las cosas siempre habrían podido ser diferentes, quién sabe si mejores. A seguir soñando, que algunas veces sí se cumplen. Un beso y gracias.

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  2. Me sumo al comentario de que ser hijo único no es ni bueno ni malo. En mi caso, sobre todo cuando era pequeña, sí hubo muchos momentos en que me habría gustado tener hermanos con los que jugar (y reñir, todo hay que decirlo)…pero a cambio tuve toda la atención de mis padres y más. Probablemente haya estado un poco sobreprotegida, pero he disfrutado de unos padres que sólo me dedicaban sus esfuerzos a mí, sin tener que “compartirlos” con nadie.
    Ahora somos tres contra el mundo, como hemos sido siempre, y ya no imagino la vida de otra manera. Aunque, estando lejos como estoy, a veces no puedo evitar pensar que las cosas serían más fáciles para todos (especialmente para mis padres) si tuvieran más hijos que estuvieran más cerca y el vacío fuera un poco menor gracias a eso.
    Pero, en fin, que al final acabo donde he empezado: no es ni bueno ni malo, a veces es lo que hay y de nada sirve darle más vueltas!
    Hoy me has hecho pensar (más incluso de lo normal) 🙂 Un beso grande!

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    • Lo de tres contra el mundo no suena a poca cosa, querida Elisa… Tú sí que me estás haciendo pensar!!! Y anticipar momentos dulces, y también separaciones, positivas y dolorosas a la vez. Sin conocerlos,siento una extraña empatia con tus padres, jeje, y adivino su alegría por ti, y a veces la tristeza de no tener cerca a quien más quieres. Siempre queda el consuelo de saberte feliz. Un abrazo fuerte.

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