Ahora o nunca

Desde que Inés nació, al menos dos veces al día oigo voces que me advierten de lo rápido que los niños crecen, de lo importante que es disfrutar de cada etapa, de esos momentos ‘que pasan y no vuelven’. La que habla no es mi conciencia; son familiares, amigos, vecinos, completos desconocidos. En pocas cuestiones vi nunca tanto acuerdo, tanta unanimidad de criterios.

La fugacidad del tiempo es un tópico antiguo como el mundo. Que los niños crecen tan rápido que cuando quieres enterarte ya no lo son es una de sus variantes más socorridas. Algunos llegamos avisados, con mucha vida malgastada entre etapas de letargo y carreras absurdas hacia ninguna parte. Los días por delante valen su peso en oro cuando uno tiene la sensación de haber llegado tarde a su propia vida, con deseos alcanzados in extremis y el ‘ahora o nunca’ grabado a fuego en la mente.

Hay quienes superan etapas y queman varias vidas, ahora o nuncaotros consumen casi todo su tiempo aprendiendo a vivir. Quizá todo forme parte del camino, de un juego de saltos de oca a oca y temporadas en el pozo. Avanzar más o menos rápido no detendrá el paso del tiempo, pero quizá yendo más lento uno pueda sentirse más dueño de su historia, de los pequeños y grandes acontecimientos, cada nueva palabra, el primer viaje en el autobús, el
paso lento de los patos. En resumidas cuentas: de la vida.