¿Y por qué no?

Mi abuela y casi todas las abuelas que conozco dijeron alguna vez eso de: “Quién tuviera tu edad, pero sabiendo lo que sé ahora!”. En su día no comprendí bien lo que significaba, pero la frase siempre me gustó, como aquella otra de: “Podría ser tu madre”. A día de hoy tengo la edad suficiente para decir ambas cosas, pero por alguna razón ya no me suenan tan bien.

Cuando eres joven, uno de los anhelos más urgentes es la experiencia. No reparas en que adquirir el conocimiento supone pagar a cambio el precio de la juventud. Notas un día que te queda poca inocencia y los años han pasado sin sentir. Puedes entonces valorar lo que sabes o lamentar el paso del tiempo, ambas cosas a ratos, quizá las dos a la vez. También puede ser el momento de replantearse la vida, superar antiguos miedos y crecer. Demostrar que sí es cierto que la existencia no pasa en vano y a veces nos hace más fuertes, más libres, incluso más bellos.

20160111_145150

Pocos límites parecen más difíciles de superar que los que uno mismo se marca. El miedo a hablar en público, a abandonar la seguridad de un trabajo por una ilusión incierta, a amar y sentir libremente, a los propios prejuicios. Nada más motivador que la historia cercana de personas que un día vieron cortado el camino y supieron dar el salto. El pequeño y poderoso triunfo que entraña enfrentarse por fin a un micrófono, apuntarse a ese viaje, atreverse a correr una media maratón. Querer ser quien eres, por encima de la sabiduría y los años; decir un día: ‘Podría ser tu madre y me da igual’. Pocos ejemplos de sabiduría como derribar los mayores obstáculos armados con la pregunta más simple: ¿Y por qué no?

 

 

 

 

 

Anuncios