La vida de antes

¿Cuánto tiempo pasó desde que fuiste madre hasta que deseaste, necesitaste incluso, recuperar cosas de tu antigua vida, retomar viejos hábitos, amigos queridos, espacios de soledad? Digamos que un día, ni pronto ni tarde, reparas en que es viernes, justo la hora a la que tus amigas quedan para esa cerveza que por un misterioso motivo siempre sabe mejor fuera de casa. Supongamos que los astros se alinean en forma de dos horas libres, que las ganas vencen a la pereza. Pongamos que vas.

la vida de antes

Sin saber cómo, junto al pequeño y poderoso ser que centra tu vida se hacen sitio a codazos el trabajo y la familia, libros casi furtivos leídos por entregas, ratos de estudio a horas intempestivas, charlas y risas en buena compañía. Momentos de asueto entre el placer y la culpa, descontando minutos entre miradas al móvil. Tras una de estas escapadas, corres a casa vaticinando el desastre y el pequeño ser y su papá te ignoran mientras siguen jugando en la cama y ríen como locos.

Descubres que amar no equivale siempre a renunciar, que el tiempo de para mucho si te organizas bien, que a veces es bueno separarse para reencontrarse con más ganas, que San Preciso se murió. Y a pesar de todo, el anhelo de un tiempo propio se plantea a veces a media voz, con cierto apuro y no poca culpabilidad. Las aspiraciones se convierten aquí en terreno escabroso, para nosotras mismas, más que para nadie.

Como en tantas cosas, también aquí es peligroso generalizar. Habrá quien diga que nunca tuvo la necesidad, quien no sienta haber dejado nada por el camino, quien también en este terreno logre el milagro de conciliar. Para el resto, queda el reto cotidiano de llegar y disfrutarlo todo, intentar ser más felices y que los nuestros también lo sean, vivir todas las facetas con alegría y sin reproches. El próximo viernes no me lo pierdo.

 

Nuestros libros, nuestra historia

Varias veces al día me sorprendo pensando que me hubiese gustado tener en mi infancia muchas de las cosas que para para mi hija resultan cotidianas: columpios con respaldo y barreras, una bici sin pedales, toboganes en los que no te juegas el tipo cada vez que osas subir. Pero sobre todo la envidio por tener en sus manos desde que era un bebé libros con las historias que a mí me hubiese gustado leer.images

El primero fue ‘Inés del revés’, regalo de unos amigos antes de que naciera y casi premonitorio de una niña que lucha por hacer las cosas a su modo en un mundo de rutinas e imposiciones. Creo que mi Inés y muchos niños (y no tan niños) se identifican mucho con un personaje que un día ‘se sentía del revés’ y decidió llevarlo hasta las últimas consecuencias. La empatía y capacidad de adaptación de su madre también son dignos de elogio, sobre todo para los papás que adolecemos de falta de paciencia y cierta rigidez mental.

elMonstruoRosa12_En casa tenemos especial aprecio al ‘Monstruo Rosa’, la historia de un ser diferente que vivía en un mundo donde todo, y todos, eran de color blanco. Seguro que muchos adultos de hoy hubiesen sufrido menos de haber conocido a aquel personaje torpe e inadaptado que un día se marchaba en busca de su lugar… y lo encontraba. Espero que su historia, y otras que hablan de inclusión y respeto, eviten tanto sufrimiento injustificable, casi siempre silencioso, tanto dolor causado por el acoso y la marginación.

biblioteca-mpm-queda-sitio-para-mi-boolinoA los protagonistas de ‘¿Queda sitio para mí?’ los conocimos a través de la narración oral antes de leer el libro, así que imaginamos a nuestra manera cómo un ratón, una liebre, una rana, un jabalí y un oso se las apañan para meterse dentro de una manopla. Hace poco pudimos ver las ilustraciones originales, seguramente más bonitas que las que creó nuestra mente, pero un poco menos entrañables. Es lo que tiene el conocer el rostro de tus héroes después de haberlos soñado: la realidad nunca está a la altura de la ficción. Lo mismo nos ocurrió con ‘A qué sabe la luna’, una historia que nos acompaña en los paseos y a la que incorporamos más o menos personajes según lo largo que sea el trayecto a casa.

También se cuentan entre nuestros amigos Elmer, el elefante de colores que un día quiso confundirse en la manada, Charlie & Lola, traducidos al español como Juan y Tolola, y Leonardo Fibonacci, autor de la secuencia que lleva su nombre y del que Inés por el momento sólo sabe que, como a ella, le gustaba mucho contar todas las cosas.

peces de colores

Todos ellos desempeñan un papel protagonista en una mente nueva y ávida de emociones. Una de las maravillas de la primera infancia es que personajes verdaderos e imaginarios forman parte de la vida con la misma intensidad. Inés del Revés, Monstruo Rosa, el ratón, el zorro y los peces de colores configuran un universo mágico, libre, y sin embargo real. Con todos ellos, y muchos más, vamos escribiendo cada día nuestra propia historia.